08 marzo 2014

Negra sombra sobre los buitres

¿Recuerdan esa vieja costumbre de los países "desarrollados" que consiste en seguir vendiendo durante décadas al tercer mundo los productos peligrosos que acabaron prohibiendo sus legislaciones nacionales al demostrarse que eran sumamente perjudiciales para la salud o el medio ambiente? Bien, pues aquí tienen otro síntoma significativo del lugar que se le está buscando a este país en el mundo: uno de esos productos, particularmente activo, acaba de autorizarse para comenzar a venderlo aquí. Se trata del diclofenaco, un fármaco antiinflamatorio y analgésico de uso veterinario en explotaciones ganaderas que trae consigo el triste mérito de haber causado, como efecto colateral, la mortandad masiva de buitres en el Subcontinente Indio y en África. En concreto, en el caso de la India, Nepal y Pakistán, se ha calculado un drástico declive del 95% de las poblaciones de buitres en tan sólo diez años. Un mortandad masiva de millones de ejemplares que ha barrido a estas beneficiosas aves de gran parte del territorio, situándolas al borde mismo de la extinción.


¿Cómo llega el diclofenaco a los buitres? A través de las carroñas del ganado tratado con este fármaco, que una vez muerto queda a disposición de los buitres en el campo o en los muladares o morideros donde tradicionalmente se abandonan las reses muertas para que sean eliminadas de forma natural por los buitres y otros carroñeros. Una costumbre que conservamos aquí, tanto tal cual como en forma de muladares o comederos regulados, y por la que se ha luchado mucho para conseguir mantenerla, ya que nuestros buitres dependen en amplias zonas de este aporte de alimento para seguir subsistiendo, y además es una forma de gestión natural de los restos de ganadería que ahorra las decenas de miles de euros que requeriría anualmente, y toda la contaminación que provoca, la recogida e incineración de cadáveres. 


Finalmente, tras los concluyentes estudios, que mostraban que este grave declive de las poblaciones de buitres fue causado con tan sólo un 1% de presencia del fármaco en las carroñas, el diclofenaco fue prohibido en Asia en 2006, sustituyéndolo por otros compuestos alternativos y consiguiendo detener la desaparición de estas aves y otros carroñeros afectados. Sin embargo, el Gobierno español, a través de la Agencia Española del Medicamento, aprobó su uso en nuestro país en marzo de 2013. Esto ha hecho saltar todas las alarmas. España alberga el 95% de todas las aves carroñeras europeas (buitre negro y leonado, alimoche y quebrantahuesos), constituyendo el principal santuario de estas magníficas y amenazadas aves en nuestro continente. La proliferación del diclofenaco en nuestras explotaciones ganaderas, que podría ser bastante mayor que ese 1% de la India por nuestro mayor poder adquisitivo en comparación, sería capaz de desencadenar un auténtico torbellino de envenenamiento, que comprometiese seriamente la supervivencia de los buitres y de otras muchas especies que, regular u ocasionalmente, aprovechan también las carroñas del ganado, con la consiguiente desestabilización del equilibrio de nuestros sistemas naturales. 


Los principales científicos españoles especializados en estas rapaces, las organizaciones de defensa de la naturaleza, y el grupo de expertos en buitres de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ya han denunciado la situación y han pedido la prohibición de este fármaco y su sustitución por productos alternativos que no causan este problema. Incluso, se ha puesto en marcha desde fuera de nuestras fronteras una campaña internacional para conseguir que la Unión Europea prohíba la comercialización y uso del diclofenaco en el mercado europeo. Veremos cuánto tardamos en conseguirlo, y qué perdemos por el camino, teniendo en cuenta la tradicional inercia y la enorme lentitud en rectificar -cuando lo hacen- de nuestros gobernantes.


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