08 julio 2014

Última llamada: sí, pero veamos cómo

Estupenda noticia la publicación del manifiesto Última llamada : Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización. Lo suscribo íntegramente. Y magnífica acogida, con más de 2.300 nuevas adhesiones el primer día, tras las 258 iniciales.


Estoy de acuerdo, nos encontramos en un punto de inflexión crucial de nuestra historia: una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva, el futuro de la especie y de buena parte de la vida en la Tierra nos va en ello. El manifiesto recoge claramente qué tipo de civilización lo haría posible: una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta. Y deja también claro que estamos al borde del punto de no retorno: de que comencemos ahora a avanzar eficazmente en este sentido depende el evitar el colapso social, económico y ecológico. Ahora bien, falta lo más importante: desarrollar cómo. Si lo dejamos aquí, el manifiesto no pasará de ser una declaración de intenciones más, noticia de uno, dos, tres días a lo sumo. Un recuerdo lejano, un guión en el curriculum, un "ya lo dijimos" expiatorio... 


Quiero creer que no va a ser así. Que, con todo ese dream team de firmantes iniciales al menos, los promotores van a impulsar la cooperación para desarrollar activamente y consensuar el cómo: las alternativas éticas, culturales, educativas, económicas, políticas, científicas, tecnológicas, etc. al modelo actual predominante que nos arrastra al colapso. También queda pendiente articular cómo impulsar una pedagogía que logre hacer mayoritaria en la sociedad la conciencia de esta necesidad de cambio. Cierto que hay multitud de material sobre unos y otros temas, que la propia aportación de muchos de los firmantes iniciales desde su trayectoria profesional y personal ha sido y es muy importante, que quizá sea ya mucho pedirles que hagan más de lo que vienen haciendo... Pero toda esta información y propuestas están muy dispersas, en parte difícilmente accesibles, y es necesario además ponerlas en común, contrastarlas, resolver las contradicciones, encajar las distintas alternativas en el objetivo común. En definitiva, necesitamos destilar toda esa información, de modo que sea asequible en la práctica, en forma de una propuesta de criterios orientadores nítidos y aplicables. Tanto que puedan ser directamente tomados para elaborar con ellos desde programas electorales (desde supranacionales a locales) a planes de desarrollo y gestión generales o sectoriales. Poner la teórica al alcance de la práctica. Que su actual dispersión y supuestas indefinición e "irrealizabilidad" no sigan siendo la excusa. Y que además, con ello, la ciudadanía pueda ver plasmada y respaldada la declaración de intenciones, los objetivos, en unas propuestas realistas. Unas alternativas firmes y alcanzables que apoyar, por las que merece la pena luchar.




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