20 diciembre 2014

Clima de corrupción

Concluyó la cumbre de Lima que, en teoría, debía servir para avanzar los acuerdos globales a tomar en la Cumbre de París de 2015 para frenar el cambio climático, y más bien parece que lo que ha venido a avanzar es que tampoco nos quedará París.


El objetivo no es lograr evitar el cambio climático; eso ya lo dan por seguro. La meta que intentan fijarse es que el calentamiento global no supere a finales de este siglo los dos grados centígrados. Un aumento significativo que ya generará de por sí importantes, y en gran medida imprevisibles, cambios en los ecosistemas y los ciclos naturales, con las consiguientes secuelas para las poblaciones humanas. Y, sin embargo, ni siquiera han alcanzado los acuerdos mínimos para lograrlo. Se han vuelto a posponer en el eterno vuelva usted mañana de las cumbres internacionales. Esos despilfarradores monumentos al que parezca que hacemos algo, o a la procrastinación.


Y, de fondo, el sonido de la caja, continuamente engordando y siempre insatisfecha, de las industrias que hacen negocio con este modelo energético insostenible y suicida. Que, de momento, siguen teniendo a la mayoría de gobiernos bailando a su son. Al suyo, no al del interés de la población. No hay más que ver qué pasa en España para entender cómo funciona: puertas giratorias para agradecer los servicios prestados a los gobernantes de turno, puestecitos para familiares, retiros dorados... 


¿Que la población se indigna, protesta e incluso pone a toda su Comunidad Autónoma en contra de esos proyectos que amenazan su futuro? Pues se impiden las consultas, se le da la competencia en la toma de decisiones al estado, no sea que alguna Comunidad salga rana por aquello de escuchar a los ciudadanos, como con el caso del fracking; se presiona a los tribunales lo que haga falta; se intenta sobornar a la población y administraciones locales, como con la Reforma de Ley del Sector de Hidrocarburos aprobada el viernes; o se echa mano de la Ley Mordaza... 

Que la democracia no te estropee un buen negocio... 


¿Que no? Ahí es donde tenemos precisamente la posibilidad más inmediata para conseguir cambios reales: en el voto que metemos en las urnas. Perfecto si apagas la luz de más, si bajas la calefacción, si vas andando o en bici en lugar de en coche, si reciclas... pero todo eso servirá de bien poco si tu voto va a parar a cualquiera de los partidos que gobiernan para la industria contaminante.



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