01 julio 2015

Releyendo a Thoreau

Cuando el joven Gandhi viajó a su primer destino en Sudáfrica, donde su lucha por la defensa de los derechos humanos le llevó a desarrollar activamente la resistencia no violenta, con la cual, más tarde, y ante el asombro del mundo, liberaría a la India del yugo del imperio británico, llevaba consigo como libro de cabecera el célebre ensayo de Henry David Thoreau “Sobre el deber de la desobediencia civil“. Una obra determinante que también entusiasmó a León Tolstói, quien, hasta su muerte, apoyó y ayudó a moldear esta forma de protesta a su amigo Gandhi, durante las campañas de resistencia sudafricanas. Igualmente, Martin Luther King, Jr. hizo de esta obra de Thoreau la piedra angular del argumentario ético de la resistencia activa no violenta, característica del Movimiento por los Derechos Civiles, lo mismo que, de nuevo en Sudáfrica, aplicó heroicamente Nelson Mandela en la lucha contra el Apartheid.


En un momento convulso como el actual, en que no solo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con tantos rincones del planeta que jamás iluminó, sigue estando tan gravemente lejos de hacer efectiva su necesaria universalidad, sino que, además, se tambalea la propia cuna de la democracia ─y acaso la esencia misma de su significado─ y se desmantela, ya sin disimulo alguno, la Europa del Estado del Bienestar, poniendo en serio peligro los derechos civiles fundamentales incluso allá donde se consideraban ya plenamente establecidos y garantizados; en un momento así, en que la inmensidad y el poder de las fuerzas que impulsan esta tendencia y este estado de las cosas, por pura codicia ─nada han cambiado los fines─, pueden parecernos tan sobrecogedores, tan intocables e inexpugnables como en su tiempo le pudo parecer al propio Gandhi el imperio británico, a Martin Luther King, Jr la injusticia social instalada a sangre y fuego en la esencia de su país, o a Nelson Mandela el sistema del Apartheid, conviene releer el ensayo de Thoreau, volver al origen de la impecable y cristalina justificación ética de porqué no basta solo con no provocar la injusticia, sino que también, lo que con frecuencia se olvida, hemos de evitar convertirnos en colaboradores necesarios, ni directos ni indirectos, de la misma. Porque de nada sirve oponerse a la injusticia de palabra mientras con nuestras actividades reales, aun indirectas, o bien mediante nuestra inacción o nuestro silencio, no hacemos sino apoyarla. La desobediencia civil responsable y la resistencia activa no violentas, han mostrado que es posible mover las montañas más altas, y pueden seguir haciéndolo.


Fragmento del prólogo que dediqué al libro "Sobre el deber de la desobediencia civil y selección de citas", Henry David Thoreau, Tundra Ediciones, Valencia, 2012.

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