22 agosto 2016

Muerte al lobo o la razón de quien más grita


22/08/2016. La Junta de Castilla y León acaba de autorizar la matanza de 429 lobos en el territorio regional situado al norte del Duero, entre 2016 y 2019. Además, continuarán los "controles excepcionales" al sur del gran río, que de tan regulares, con alrededor de 50 lobos abatidos al año, ya no tienen nada de excepción; y seguirán presionando a la Unión Europea, con el apoyo decidido del Gobierno estatal, para lograr que el lobo deje de ser especie estrictamente protegida por la Ley al sur del Duero. Estas acciones se suman a las autorizaciones y controles de lobo, incluso durante la época de cría, dados por el Gobierno asturiano, y de cuya cuantía y resultados no se ofrece apenas información pública; las batidas autorizadas por el Gobierno de Cantabria; los "controles poblacionales" ordenados por la Xunta de Galicia; y la persecución de la única manada de Euskadi impulsada por el Gobierno vasco. 


A todo ello hay que añadir que, según estimas de reconocidos expertos en la especie, por cada lobo abatido con autorización se matan ilegalmente otros seis ejemplares. Así pues, las verdaderas dimensiones del acoso al lobo en España son realmente abrumadoras.


¿La razón oficial de esta persecución? Los daños al ganado. Sin embargo, según muestran los estudios al respecto, no llegan a afectar ni al 1% de la cabaña ganadera. Además, se ha demostrado científicamente que las batidas de lobos en realidad fomentan los ataques al ganado, ya que al eliminar ejemplares de la manada la desestructuran socialmente y merman su capacidad y estrategia de caza, de modo que tienen más difícil la captura de presas silvestres y no les queda más remedio que buscar presas fáciles como el ganado. Los resultados muestran una relación directamente proporcional: el aumento de las batidas va seguido de un incremento de los ataques al ganado.


También se ha puesto de manifiesto, como sucede desde tiempos inmemoriales en las zonas donde el lobo siempre ha estado presente, que una serie de medidas de gestión tradicional del ganado, como el pastoreo con la protección de mastines, con presencia del pastor y estabulando a las reses por la noche (que hoy día se pueden complementar con tecnología como los pastores eléctricos) los riesgos de ataques se minimizan o incluso se eliminan. Además, se han establecido desde las Administraciones compensaciones económicas para cubrir los daños que puedan ocasionar los lobos. Otra cosa es que con la picaresca muchos de los daños ocasionados por perros, que son mucho más frecuentes que los causados por lobos, así como otras muertes accidentales o por enfermedad se estén atribuyendo a sabiendas al lobo con intención de cobrar cuantiosas subvenciones, como se ha comprobado en casos de fraude en que hay implicados tanto ganaderos como personal de la propia administración.


Toda esta información obra en manos de las Administraciones, así como también la relativa al papel fundamental del lobo en el equilibro de los ecosistemas como predador apical o superpredador, que influye decisivamente y es necesario para la regulación de aspectos clave como la densidad, movilidad, distribución, estado sanitario y adaptación de numerosas especies aparte de las propias especies-presa, e incluso influye en la estructura de la vegetación y del paisaje, contribuyendo a la creación y mantenimiento de hábitats. Unas funciones de tal calibre que con la eliminación del lobo se produce una auténtica cascada de graves alteraciones encadenadas en los ecosistemas. Por lo que, como en el caso de otros predadores apicales, se hace del todo necesaria su protección estricta en todo el territorio para una adecuada gestión del medio natural.   


A pesar de ello, el estado actual de la gestión del lobo en España pone en evidencia que continúa la connivencia de gobernantes y administraciones con los intereses de quienes persiguen la eliminación del lobo. Y que las razones que argumentan nada tienen que ver con supuestos males irreparables provocados por el cánido. Son meras excusas. Al interés de cazadores por contar con el lobo entre sus trofeos y que no les "quite" alguna pieza (y el del guarda o celador que se lleva sus buenas propinas por acompañar y guiar al cazador), se suma el interés del ganadero que no quiere perder la comodidad de no hacer el trabajo que corresponde al buen pastor para guardar adecuadamente al ganado. Junto con la mencionada picaresca del ganadero con la colaboración de algunos funcionarios que para cobrar la indemnización carga al lobo todas las pérdidas que puede de reses muertas por otras causas o por perros asilvestrados. Más una prensa desinformada y desinformante, cuando no directamente manipuladora en torno a los ataques al ganado. Todo eso, junto con el miedo irracional al lobo, es manejado hábilmente por las estructuras caciquiles locales y comarcales para reforzar con una cuestión más su caudillismo, abanderando "la defensa" de la comarca o del sector también con la lucha contra ese demonio que es el lobo. Y claro, esas estructuras caciquiles, tan propias de las regiones en que todavía quedan lobos, son las que, a cambio de contrapartidas inconfesables para sus cabecillas, aúpan y sostienen mediante la captación u "orientación" del voto local a alcaldes, diputados y gobiernos regionales. Así que los gobernantes, que ya de por sí se desenvuelven en una corrupción sistémica en tantos otros aspectos, no tienen el menor sonrojo en eludir o retorcer la legalidad cuanto sea necesario para tener contentos a los caciques y caciquillos que les sustentan. Y además les viene de perlas mantener entretenido al sector ganadero con el chivo expiatorio del lobo en lugar de hacer algo por cambiar los verdaderos problemas de orden político y económico que están hundiendo realmente al mundo agroganadero. Tampoco les faltará, por otra parte, quienes les hagan los informes a la carta que les justifiquen los controles de lobo. De hecho, los censos utilizados para justificar cupos de lobos abatidos se han puesto repetidamente en entredicho por parte de investigadores especialistas en el gran cánido.


La convivencia con el lobo es perfectamente posible, pero mientras existan resquicios que den tanto juego como la caza legal de la especie o mediante excepcionalidad,  todo ese cúmulo de intereses económicos, de estructuras arcaicas de poder y electorales mantendrán vivo el conflicto. Les conviene y saben manejarlo. Y además lo avivan las patadas al avispero que llegan de vez en cuando desde un ecologismo urbano bienintencionado pero que entra no pocas veces como elefante por cacharrería.



Crédito fotográfíco: Arturo de Frías Marques (CC BY-SA 4.0).

15 agosto 2016

Dos especies condenadas con la media veda


15/08/2016. Madrugada del 15 de agosto. Las primeras luces tiñen de cálidos los herbazales dorados de estío, que exhalan un aroma a pan recién hecho. Las arboledas se llenan de trinos que aprovechan el frescor pasajero. Corretean los conejos por la linde. Aquí y allá reclaman, recién estacionados para reponer fuerzas, algunos pájaros migrantes tempranos como papamoscas, currucas estivales o aún pocos mosquiteros musicales. La bandada de palomas torcaces se agrupa en torno al abrevadero. Solamente una tórtola europea, cada vez más excepcional, acude también...

Arriba: tórtola europea (foto: Mike Pennington). Aquí: codorniz (foto: Guérin Nicolas)


De repente, el estallido de un disparo acompañado de un fogonazo rompe la canción de las aves del alba. Y otro, y otro más. Como si fuese la señal que un ejército civil armado y ampliamente repartido por los campos hubiera estado esperando, comienza el tiroteo. Y, salvo el estruendo de los disparos, el silencio de la vida. Ya no habrá paz en los campos hasta finales de mes o mediados de septiembre, según la Comunidad Autónoma.


Con autorización de las Administraciones, los objetivos de esta temporada de caza veraniega conocida como la "media veda" son el zorro, la paloma torcaz, la bravía y la zurita, el estornino pinto, la urraca, la grajilla y la corneja (según Comunidades, también gaviota patiamarilla y reidora), y, nada menos que como piezas reinas, la tórtola europea y la codorniz. Dos especies en acusado declive según han demostrado los estudios científicos para el seguimiento de sus poblaciones a largo plazo.


Como pone de manifiesto el Programa SACRE de SEO/BirdLife, la tórtola europea ha sufrido un declive del 25,4% entre 1998 y 2014, y la codorniz un 61,78% entre 1998 y 2013. Por ello, ambas especies cumplen sobradamente los requisitos para ser catalogadas como Casi Amenazada la primera y En Peligro la segunda y, en consecuencia, es necesario planificar y aplicar medidas de conservación y recuperación de sus poblaciones, entre ellas la prohibición total de su explotación cinegética, como así han solicitado buen número de asociaciones y personalidades científicas y conservacionistas.





Tendencias poblacionales de la tórtola europea y la codorniz en España. Fuente: Programa SACRE de SEO/BirdLife.

Sin embargo, el todopoderoso lobby de la caza y de los propietarios de las grandes fincas cinegéticas especializadas en ofrecer a sus clientes estas especies reinas de la caza menor, han logrado hasta ahora que las Administraciones hagan caso omiso en su mayoría a las peticiones de los científicos respaldadas por la sólida evidencia documental aportada, y que sigan permitiendo la explotación cinegética de unas especies en grave declive que resulta totalmente anacrónica en el contexto europeo. Si bien es cierto que alguna Administración regional ha aplicado moratorias o medidas como retrasar una semana la apertura de la veda para ambas especies o la disminución de cupos, pero se trata de excepciones que quedan lejos de afrontar y resolver el problema a escala estatal.


Pero es que además, durante la media veda, es sobradamente conocido, como ponen en evidencia cada año las estadísticas de los centros de recuperación de fauna silvestre, que son muchas más las especies de fauna afectadas por los disparos de las escopetas. A las especies legalmente autorizadas se suman gran cantidad de otras especies no cinegéticas o estrictamente protegidas por la ley, incluso amenazadas y en peligro de extinción, que no se libran del disparo si tienen el atrevimiento de ponerse a tiro de la escopeta de turno. El cazador legal no disparará y aun amonestará a otros compañeros si lo pretenden, pero los datos anuales de la gran cantidad de especies protegidas tiroteadas muestran que hay muchos que no lo son. Que hay muchos que no se cortan, que disparan a lo que ven porque son tan pocas, y a menudo escasas, las especies permitidas que debe aburrirles la espera o bien porque disparan a especies que erróneamente consideran sus competidoras por las presas, como lo demuestra el que más de dos terceras partes de las especies tiroteadas que entran en los centros de recuperación sean aves rapaces.



Radiografía de águila tiroteada. Los puntos son perdigones de plomo.

Y no solo se dispara a rapaces y otras especies protegidas durante la media veda (no entraremos hoy en lo que sucede en el periodo convencional de caza), sino que está demasiado extendida, como parte de la gestión (mala gestión, por ser precisos) de cotos de caza, la persecución legal e ilegal a depredadores durante el resto del año, sustentada en una mal entendida y anacrónica creencia en que así habrá mayor disponibilidad de piezas para cazar. De este modo, junto a las trampas y lazos con tope que se autorizan para el zorro y perros asilvestrados, campan a sus anchas también métodos ilegales no selectivos y sumamente peligrosos como cebos envenenados, cepos y otras trampas, destrucción de pollos, nidos y camadas, etc.


Milano negro atrapado en un cepo dispuesto ilegalmente para rapaces en un coto de Madrid.


Fuera de toda duda, y con el peso de la evidencia científica de este lado, actualmente debería prohibirse la caza de la codorniz y de la tórtola común en toda España. Si además ponemos en la balanza el resto de perturbaciones y graves afecciones a especies protegidas y amenazadas y al conjunto de las comunidades faunísticas de nuestros campos que sigue provocando la media veda y a las que se continúa sin poner remedio, lo que además hay que plantearse muy seriamente es la prohibición total y definitiva de la propia media veda.

29 julio 2016

Consideraciones para recuperar las áreas afectadas por incendios forestales


29/7/2016. Tras los devastadores incendios forestales de grandes proporciones, surgen con las mejores intenciones, a partir del dolor y la indignación por lo sucedido, numerosas voces e iniciativas voluntarias, especialmente a través de las redes sociales, para ponerse manos a la obra con el fin de recuperar lo perdido, repoblando, realizando labores de prevención, desbrozando matorral, colocando cajas-nido para aves, etc. Todo ello con la mejor voluntad, pero con necesidad de reflexionar un poco y de reunir información adecuada para materializar las acciones concretas y en las fechas y plazos idóneos para garantizar del modo más acertado el proceso de recuperación del bosque. Intento sintetizar a continuación, para facilitar una lectura rápida y accesible a todo el mundo, una serie de cuestiones que creo que conviene tener en cuenta:

¿CUÁNDO COMENZAR A REPOBLAR?

Ante esta catástrofe, lo que nos pide el cuerpo es salir ya mismo a repoblar y comenzar a sembrar macetas y semilleros en casa para trasplantarlas al campo en cuanto germinen. Pero eso sería un error que podría comprometer la capacidad de regeneración del propio monte.

- Los expertos recomiendan que, en el caso de los incendios ocurridos en las zonas de clima mediterráneo, no se inicien las labores de repoblación como mínimo hasta dos años después del incendio, a ser posible más, ya que con la remoción y pisoteo del suelo se afectaría al banco de semillas edáfico (una reserva de semillas que permanecen intactas bajo la superficie del suelo, que es un seguro de la propia naturaleza para recuperarse de los incendios) o las cepas de las numerosas especies mediterráneas que tienen la capacidad de rebrotar de cepa o de raíz. Además, el suelo tiene ahora una estructura muy sensible, cuyo equilibrio se puede perder con la remoción y pisoteo y facilitar la erosión por el viento y, sobre todo, por las lluvias torrenciales que llegarán a finales del verano y en otoño.

- También hay que tener en cuenta que las fechas buenas para sembrar semillas y repoblar con plantones son el otoño y el invierno, cuando el ciclo vegetativo está ralentizado y cuando los suelos tienen la humedad necesaria garantizada por las lluvias. Repoblar ahora mismo en un secarral, aunque reguemos un par de veces, es condenar a esos plantones y semillas a secarse este verano.

- Lo más importante es asegurar la conservación del suelo, que no se pierda por las lluvias o por ese pisoteo y remoción, pues el suelo garantiza la posibilidad de que se desarrolle la vegetación.

- Durante la primera etapa de la regeneración natural, las semillas que hay bajo tierra (el banco de semillas edáfico) germinarán rápidamente y rebrotarán las especies que surgen de nuevo de cepa, cuya misión es cubrir, fijar y proteger el suelo frente a la erosión. No son especies invasoras, como en algún comentario he leído, sino especies pioneras esenciales en la primera fase de la regeneración natural. Por cierto, hemos tenido "suerte" de que los incendios se produjeran al principio del verano, lo cual facilitará la germinación de estas semillas para proteger el suelo antes de las lluvias torrenciales de finales del verano y otoño.

- Por supuesto, hay forma de acelerar esta primera fase de regeneración natural, pero por lo costoso es mejor aplicarlo en aquellas zonas más delicadas, como las áreas de gran pendiente, donde es más fácil que las lluvias arrastren y se lleven la tierra, o en aquellos otros puntos donde se constate que la regeneración natural va muy lenta o no queda el suelo suficientemente cubierto y protegido por las herbáceas. Estas técnicas son las siembras aéreas con gramíneas y otras plantas de germinación y crecimiento rápido, que se lanzan desde helicóptero o avioneta, junto con algo de compost o tierra vegetal (abono) y, a veces, con sustancias que ayudan a fijarlas en zonas de pendiente. De ese modo se evita entrar a remover el suelo, pero es una práctica que sólo puede llevar adelante la administración.

¿DE DÓNDE SACAR LAS PLANTAS Y SEMILLAS PARA REPOBLAR?

- La administración tiene viveros en cada provincia, siendo habitual que den gratuitamente las plantas para proyectos de repoblación, celebraciones del día del árbol, etc. Habría que pactar con la administración una producción suficiente para los proyectos voluntarios que surjan, además de para las repoblaciones oficiales, para ese otoño-invierno de dentro de dos años en que se podría comenzar a repoblar; y también para los próximos años en que se quiera continuar.

- También se puede sembrar en casa este otoño-invierno que viene, por ejemplo, para tener plantones de dos años para el momento de la repoblación, pero debería hacerse con semillas y plantas de las zonas no quemadas más cercanas a las áreas donde se quiera repoblar, por cuestiones de viabilidad, adaptación al entorno y pertenencia a una misma población genética. Es decir, no hay que traerse semillas de dos provincias más allá, por ejemplo, sino de la zona. Los métodos de siembra son diferentes según las especies, y merecerían una entrada o texto aparte para poder explicarlos con detalle.

¿QUÉ ESPECIES UTILIZAR PARA REPOBLAR?

- Las propias de las formaciones vegetales que ha afectado el incendio: no vale cualquier árbol o arbusto, han de ser las especies autóctonas y, además, de poblaciones próximas a las zonas incendiadas.

- También hay que tener en cuenta que desde el suelo desnudo al bosque maduro hay diferentes etapas, sucediéndose unas a otras, lo mismo que para construir una casa: primero los cimientos, luego la base, después la planta baja, luego la primera planta, y así hasta la terraza. Y cada una de esas etapas tiene una composición distinta tanto de especies como de densidad de cada una y de estratos (los estratos son: herbáceo, subarbustivo y arbustivo, arbolado y, entre el arbustivo y el arbolado, un estrato "lianoide" compuesto por diferentes especies trepadoras y enredaderas en las zonas más húmedas).

- Hay que estudiar con detalle cada lugar concreto donde se quiera repoblar, pues según el suelo, la orientación, la cercanía o no a puntos de agua, vaguadas o barrancos, y las especies que hayan germinado y rebrotado por sí mismas durante los dos primeros años de regeneración natural, será necesario poner unas u otras especies y cada una en la densidad adecuada.

- Hay que tener en cuenta que, como la regeneración va por pasos, las especies que aparecen al principio van creando las condiciones de suelo, humedad, ph, etc. que necesitan las especies del siguiente paso para crecer. Es decir, que no se pueden plantar directamente encinas en un suelo pelado, secándose a pleno sol, sin los arbustos y demás vegetación "nodriza" que les va a facilitar salir adelante. Los pinos forman parte de ese dosel que facilita la sombra, lo que no es natural es que toda la superficie sean pinos, como pasa con las repoblaciones típicas de la administración, ni que sean una masa continua que luego favorecerá la progresión del fuego en caso de incendio: al contrario de lo que se ha dicho en algún caso, los pinos forman parte del proceso de recuperación, pero no han de ser la especie dominante (al menos no permanentemente) ni exclusiva, pues ahí comienza el problema.

- En definitiva, se ha de repoblar con especies autóctonas, de procedencia cercana y respetando tipo de suelo, fisonomía del terreno, y las formaciones propias del lugar. Y emplear tanto árboles como arbustos, porque todos ellos son piezas esenciales de un verdadero bosque.

¿QUÉ HACER EN ESTOS DOS AÑOS (COMO MÍNIMO) HASTA EL MOMENTO DE REPOBLAR?

- Lo más difícil: que con el tiempo no se apaguen las "llamas" de la indignación ni las ganas de actuar, ni la convicción de que realmente podemos aportar algo útil para recuperar nuestros bosques. Hemos de darnos cuenta de que la naturaleza funciona con sus tiempos y sus lentitudes, que no es una cuestión de acción-reacción, me pica me rasco; no se puede ir con prisas.

- Habría que organizar grupos y delimitar cada uno de ellos la zona o zonas que les gustaría repoblar, decidir si una sola temporada o más años, ver la propiedad de esos terrenos, pedir autorización, estudiar el caso concreto de esa zona: cómo va la regeneración natural, qué especies son las adecuadas, en qué cantidades, y planificar de dónde vendrá la planta a emplear, si la aportará la administración, si se criará en casa o si vendrá de ambas fuentes. Es decir, hay mucha labor de planificación y de ir haciendo para preparar la repoblación, incluso aprovechándola para concienciar contando con la población local, escolares, etc.

¿Y LO MÁS URGENTE?

- Lo más urgente es evitar tres cosas que pueden comprometer seriamente la recuperación de las zonas quemadas: 1) evitar que la administración permita la extracción de la madera quemada, 2) evitar que la administración inicie tareas de repoblación sobre el terreno antes de que pasen los dos años tras el incendio, pues si la presión de la opinión pública insiste en repoblar, pueden caer en la tentación de intentarlo, a sabiendas de que es perjudicial, pero por puro interés mediático.

Me extiendo a continuación en por qué conviene evitar que se extraiga la madera quemada (la otra cuestión ya se ha argumentado más arriba):

Entrar a por la madera antes de dejar desarrollarse la primera etapa de la regeneración natural ocasiona la remoción del suelo, ya que se meten buldózers, tractores y maquinaria de cadenas que tritura literalmente la primera capa de suelo, que es donde está el banco de semillas que han de germinar, y donde están las cepas de las especies que rebrotan. Además al deshacer la estructura del suelo este queda expuesto a la erosión eólica y, sobre todo, a la que producirán las lluvias torrenciales de verano-otoño. Y esos restos de madera contribuyen a aportar nutrientes al suelo, favoreciendo la formación de mantillo y la regeneración de la vegetación. También serán los únicos refugios que queden para nidos de aves y otra fauna durante los años en que no haya arbolado grande. Los insectos comedores de esa madera también serán alimento a su vez de las aves.
La excusa de las plagas (escarabajos escolítidos, hongos y bacterias) se suele usar para justificar las extracciones, pero no es algo realmente muy esperable, pues esos organismos se centran en los troncos muertos, haciendo su papel de descomponedores, no atacan al arbolado sobreviviente ni a lo que rebrote, germine o se plante nuevo. En casos excepcionales, muy raros, que pueden suceder en climas húmedos como los centroeuropeos, pero serían muy excepcionales en el seco mediterráneo, podría haber afecciones de algunos organismos a árboles vivos, pero para prevenirlo basta con inspeccionar de vez en cuando estas zonas. En el rarísimo caso de que pase, se podrían extraer los troncos muertos de los puntos concretos en que ocurriera, pero usando caballerías (burros, yeguas, mulos) para arrastrar la madera, no maquinaria.
Otro problema de dejar sacar la madera es que puede motivar la provocación de incendios con ese propósito, como ha ocurrido en los 90 por ejemplo, cuando sale más rentable entrar a saco a por todos los troncos tras el incendio en lugar de ir entresacando un pino de cuando en cuando de un pinar vivo. Además, la madera del pino carrasco gana con el incendio: sólo se quema la corteza y el interior queda más duro por la extracción de la humedad y el efecto del calor sobre la resina, y le queda un tono tostado exótico, con el que han llegado a vender madera de pino carrasco quemado bajo inventados nombres de árboles exóticos.

¿Y MÁS ADELANTE?

- También habrá que procurar que los proyectos de repoblación de la propia administración, que por presupuesto y ser su competencia, deben ser los de más amplia aplicación para la regeneración de estos montes, sean proyectos basados en las técnicas y conocimientos actuales, no las típicas réplicas de proyectos de hace 20-30-40 años. No debería utilizarse maquinaria, sino la repoblación a mano o con martillo neumático, que además de respetar el suelo y la vegetación que se ha recuperado por sí misma en estos dos años favorece la creación de más puestos de trabajo. Dichos proyectos deben tener en cuenta también todo lo comentado sobre la composición florística: especies a emplear, densidades, etapas de regeneración, etc.

- Se ha de ofrecer una alternativa eficaz a la actual política de prevención y extinción de incendios forestales. Conocimientos científicos y técnicos los hay de sobra, hay que reunirlos y conseguir que la administración los aplique.

SOBRE LAS "LIMPIEZAS" DE MONTE

Otra cuestión que está surgiendo son los llamamientos a realizar "limpiezas" de monte, a eliminar el matorral y la vegetación arbustiva como supuesto medio de prevenir nuevos incendios. Esa es precisamente una de las técnicas que viene aplicando la administración.

Hay que comenzar diciendo que el matorral, los arbustos, el sotobosque, no son "suciedad" sino una parte vital del bosque, esencial para el propio mantenimiento del suelo y de la vegetación: protegen y fijan el suelo frente a la erosión, contribuyen a frenar el agua de lluvia, evitando avenidas y facilitando la recarga de los acuíferos al "colar" el agua en el subsuelo a través de su sistema de raíces; además son la "nodriza" de los árboles, dando sombra, humedad y protegiendo del viento y la helada a las semillas y plantones de los árboles que luego se levantarán sobre el matorral. Y también son alimento y refugio vital de numerosas especies de fauna. Es decir, el matorral es una pieza clave del funcionamiento de los ecosistemas forestales. Por ello, no debería pensarse siquiera en acabar con él, dejando bosques artificiales que más que bosques serían parques o plantaciones de árboles. En este caso, hay que evitar que "los árboles no nos dejen ver el bosque".

Pero esto no significa que no se pueda hacer un manejo del matorral: estudiando cada caso concreto, a amplia escala para planificar de forma general, pero también puntualmente, a escala local, puede ser aconsejable eliminar fajas de matorral en márgenes de ciertas pistas y carreteras, en torno a áreas recreativas, núcleos urbanos y otras zonas habitadas, etc. Pero ha de ser algo puntual y planificado, teniendo en cuenta que hay que respetar las especies protegidas y más singulares, evitar hacer los trabajos en época de cría de la fauna, no desproteger el suelo en zonas de pendiente, etc.

OTRAS CUESTIONES

También suelen surgir otras cuestiones, como el temor de profesionales en paro del sector forestal a que la administración se aproveche de los voluntarios y no cree puestos de trabajo para realizar las tareas de repoblación y otras faenas asociadas. Creo que es un temor infundado: la labor de los voluntarios no puede abarcar todo el trabajo a hacer ni en una parte significativa de toda el área quemada, y además, la administración no parece tener en mente generar muchos puestos de trabajo para estos temas ni con voluntarios ni sin voluntarios aportando su apoyo.

Seguramente me dejo muchas cosas, pero creo que aquí trato lo más evidente. Si alguien tiene alguna duda y cree que puedo resolverla, no tiene más que escribirme.